…la zamorana, la de la tinta de Toro, Tempranillo en el resto. Hace años presenté en Madrid en algunos negocios de hostelería el vino de la bodega Rejadorada.  Le llamaban el Borgoña de Toro. Era un exponente de lo que estaba por llegar. Vinos muy cuidados desde el viñedo, con selección de pagos para distintas crianzas, con un ensamblaje de la madera admirable, con un potencial de evolución en botella que hemos comprobado a posteriori. Toro ya es una D.O. con mucho prestigio, con vinos  que llevan tiempo en el club de los grandes del mundo, como Numanthia y Termanthia -este también por precio- .

He probado el nuevo vino de Rejadorada, Antona García, en homenaje a una dama que murió por la reina Isabel en su disputa con la Beltraneja. La reina hizo bañar en oro la reja adyacente a la entrada de su palacio en Toro -la bodega del palacio merece la visita-. Un vino que se cría en tres robles distintos, francés, húngaro y americano. Puede parecer un exceso, no lo es, elegante, redondo, con toques de pimienta en nariz y boca, salen moras, grosellas, salen más cosas, cambia, seduce. Por cierto, va de cine con una buena pasta.

Otra cosa que no conocía, Triens, con mucha molla, con personalidad, me pareció más mineral e igual de persistente que Antona. Ya conocía Románico, un Toro muy Toro del viñedo Teso la Monja.  Almiréz  es su hermano, este con taninos más dulces. Muy ricos los dos.

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Mucha variedad y calidad en Toro. La otra Ribera del Duero, la que anuncia el Douro portugués, la del románico bizantino, la del vino acogedor, la del paisaje sereno. Para volver siempre.