Mi querida madre tiene dos frases definitorias del verano, son dos sentencias: “el verano es muy ordinario” y “donde esté un buen melón…” De la primera solo comentar que la cosa va a peor, el culto al cuerpo se convierte en el estío en culto a la lorza, y si en la playa la semidesnudez está justificada en lo relativo a tomar las aguas –y cada uno es como es-, fuera de ese ámbito el tema es atroz.
Sin embargo, en lo relativo a la fruta el verano se carga de verdadera sensualidad. Eso sí, cada vez está más complicado encontrar fruta en su sazón y el verano, como el resto de las estaciones, no se libra de las cámaras frigoríficas de los intermediarios. Pero si tenemos oportunidad de tocarla –sí, la fruta hay que tocarla para saber cómo está- y la encontramos en su punto el placer gustativo está asegurado. Todo dulce y sin empalagar, paraguayas llenas de agua que saben a flores , albaricoques con textura melosa, picotas dulces y ácidas a la vez, sandías como sorbetes naturales, ciruelas claudias, peras de agua, moras silvestres, etc, y los reyes del verano para mí: melones e higos. Fruta refrescante donde las haya, el melón admite tuneados -un tío mío les metía cuatro o cinco picos de ron y los dejaba macerar 24 horas dándoles la vuelta de vez en cuando, un conocido mío hacía con los melones otras cosas inconfesables-.
Y los higos. Higos como caramelos –“deme los más feos que son los más dulces”- Ah! recuerdo aquella vez, en Caminha, con Cris morenita, en el cenador cubierto por una parra del jardín de una casa solariega , viendo la puesta de sol en la desembocadura del Miño, comiendo higos y queso de cabra, bebiendo un Oporto estupendo de casa Fonseca…pura sensualidad. Creo que hoy me haré una macedonia de fruta de verano para cenar -con un chorrito de un Pedro Ximénez viejo que tengo por aquí-. Y mañana de postre melocotón con vino, ya verás tu que siesta.

cris planchuelo
El placer es contagioso, y tu texto me ha hecho salivar…
Ana
mmmmmmmmm…….Qué rico todo!!!!!!