Bodega, hotel de cuatro estrellas, sala de catas, sala de exposiciones, viñedos alrededor por doquier. Esta localidad del sur de Ávila, Cebreros, con gran tradición vinícola, ha entrado a lo grande en el sector del turismo enológico. Un restaurante panorámico que se abre al valle donde crecen los viñedos en espaldera, ya vendimiados en el momento de mi visita. A la izquierda Cebreros, a la derecha El Tiemblo. No puedo imaginar un sitio mejor para probar los caldos de la bodega Tierras de Cebreros. La sumiller nos va informando sobre los vinos. Un blanco de Albillo real con cuatro meses de crianza en barrica de roble americano para abrir boca acompaña un carpaccio del mejor tomate que he tomado este verano, tomate azul , una de las variedades que ofrece esta zona (no me extraña que a los del Tiemblo les llamen tomateros). Un blanco denso, de color dorado de nombre Panis Angelorum, potente, con notas minerales y que está a medio camino entre los blancos más ligeros y frutales del norte y los vinos generosos del sur; podríamos comer unas chuletas de cordero con este vino, un gran representante de los blancos de albillo de la D.O.P. Cebreros.
Lo que viene a continuación son los tintos. Sursum Corda se llaman todos, como queriendo resaltar la importancia de la reina de la zona, la Garnacha: tinto joven, crianza de cuatro meses y crianza de doce meses. Confieso que fue el joven el que más me gustó, quizá influyera que el día era caluroso. Es un vino con un rojo cereza intenso, aromático, con fruta en la boca, fresco, fácil de beber. Los crianzas eran más complejos, con un toque licoroso y más mineral, típico de suelos pizarrosos, pero también más difíciles de beber.
En definitiva, un lugar muy agradable, unas instalaciones espléndidas, unos vinos que seguro mejorarán. Merece la visita.

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