Tengo recuerdos gastronómicos desde la niñez, los croissants del hotel Almirante Bonifaz de Burgos, las croquetas de la abuela… Uno de ellos, ya más talludito, el vino de la casa de la tristemente desaparecida cafetería California 47 de la calle Goya de Madrid. Cafetería con una atención y calidad de lo que ya queda muy poquito. Pues su vino de la casa venía en unas jarras metálicas muy coquetas y era ¡un clarete!, sí, hasta en eso tenía personalidad aquella casa. Un clarete muy pálido, de color asalmonado, fresquito, muy agradable, perfecto para acompañar un «volovan de ave financiera»- os juro que así se llamaba el plato-.

Se conserva en pocos sitios la costumbre de pedir un clarete o tenerlo como parte de los vinos a poner por copas, con cierta fama de vino «falso» o vino «a medias». A mi no me lo parece. Claretes de Aranda, de Rioja, de Valdepeñas, de Cigales, de León. Rosados de Navarra, de Penedés, de Terra Alta.  Técnicamente la diferencia entre rosado y clarete es que estos últimos  se elaboran con una buena proporción de uva blanca y en la fermentación hay presencia de hollejos tintos -piel de las uvas -. Los rosados pueden ser solo de uva tinta -de «sangrado»- o mezcla de blanca y tinta -de «prensado directo»- pero después del estrujado y una corta maceración se les separa de los hollejos para la fermentación. Pero se les llama claretes o rosados según la costumbre del lugar. A mí me gusta decir clarete, es más castizo, más antiguo,  más entrañable.

Cada vez se hacen mejores claretes. Esos colores que varían entre piel de cebolla, el rosa pálido, frambuesa, asalmonado, a veces muy pálidos, otras rojos como rubíes, Siempre resultan frescos, sutiles, florales, menos alcohólicos que los tintos. Acompañan bien todas las comidas salvo quizás los quesos.

Tomo a menudo Valdelosfrailes  de Cigales, Valladolid, muy refrescante y con cuerpo.  Cigales es una D.O. que se asociaba a sus buenos rosados, aunque últimamente hacen unos tintos soberbios por allí. Y me gusta mucho Carredueñas, de la Bodega de Enrique Concejo en Valoria la Buena, con un punto anisado y ácido maravilloso. Ambos rosados de Tempranillo. Los últimos que he probado son Ruberte  -Campo de Borja-, de Garnacha y Pricum  -León-, de Prieto Picudo. Como sus primos de Cigales, buenos, bonitos y baratos.